The Number of the Beast is 666- William Blake
LXXXVI
He de ver primaveras y veranos y otoños
y al llegar el invierno de monótonas nieves,
correré cortinones, cerraré los postigos
para alzar en la noche mis palacios fantásticos
Pero no era la oscuridad tras mis pupilas
yo había degollado a los hombres
y les extirpé la riqueza de los paisajes
les ofrecí la existencia a cambio de sus recuerdos
la primavera germinada en brotes nuevos
y el manto de brillo luminoso que hacía
de cada amanecer un gran gozo por disfrutar
Me hablaron de la sangre por sus brazos
con olor a resina de trepar como monos
por los frutos del verano y los amores consagrados
Creían que la memoria lo cubre todo
y se olvidaron de los instantes y su brisa
el salitre por su piel cuando emergen
las olas rabiosas en las playas sin testigos
del deseo que vinieron a saciar
y de la tristeza de las primeras gotas
al crujido de las hojas
impotentes ante los pasos a ningún lugar
Fueron mentirosos, a veces,
queriéndome impresionar
pintaron unos cuadros tan ambiguos
con trazos de iluminados geniales
me divirtieron por la valentía
del que sabe que ha perdido
su última oportunidad
Creeré firmemente en el ser humano
cuando le reste un segundo
antes de la sentencia inapelable
Todo lo guardo en mis palacios
ninguno de sus matices se hacen claro-oscuro
como Diógenes acumulo enfermizo
sus sueños de felicidad
Los inviernos son más llevaderos
perdono sus vidas y me recojo
a solas con sus alucinaciones
XC
Pues conté siete veces, de minuto en minuto,
a aquel viejo siniestro que iba multiplicándose
No es la muerte la temida
es sencillo enamorarse de ella
cuando aún no se han cumplido veinte
Nadie observa a los ancianos en la adolescencia
y si lo hacen piensan que siempre fueron viejos
hasta que un día deciden no despertar
y entonces, empieza la cuenta atrás
la generación anterior, la protectora,
empieza a tener fisuras a la vista
y el joven deja de sentirse un suicida
para pensar que la degeneración
es cuestión de siete amores
antes de la soledad final
Así se manifiesta la debilidad,
aprecio al cariño y se enfrenta
a la carrera de fondo
en la que se tropiezan los pasos
con los sueños rotos e ideales traicionados,
hijos sin nacer y el imperceptible dolor
Pronto se queda al frente
de las piezas de dominó que caen empujadas
en una hilera sin florituras
desde el origen de sus antepasados desconocidos
al final ahogado en el eco de su inaudible voz
Se cuentan con los dedos de la mano
las décadas recordadas y sobran
algunos tan sólo,
plegados a la empuñadura de un bastón
XCVI
Y quedé horrorizado de envidiar a infelices
que corrían frenéticos al abismo más hondo
que, ebrios ya de su sangre, preferían al cabo
el dolor a la muerte y el infierno a la nada
El eterno problema circular
el que cada humano se traza alrededor
como un anillo de acero inexpugnable
que atrapa a los que circunvalan
y suma víctimas al agujero negro cerebral
Los deseados problemas
el hogar frustración
acogedor en su locura
pintado de brochazos
de ira y dolor
El motivo por el que despiertan cada mañana
el horror de preguntarse adentro
y llegar a la respuesta insoportable
No sucede nada
Absolutamente nada
El infierno, la muerte
son para los optimistas de espíritu
y los puros de corazón
XCVIII
¿Eres el fruto otoñal del sabor exquisito?
Observa a esos hombres maduros
que siguen el rastro de las piernas núbiles
Míralos como se lamentan al posar sus ojos
en las manos que les cuelgan
No son esos viejos verdes con talonarios o abanicos
a quienes sus arrugas les daban un estatus elevado
pues el tacto era claro y la lascivia elevada
si palpaban entrepiernas no les temblaba el pulso
y las musas se reían a sus espaldas
Pero contempla a esos otros
a los que el tiempo les pasó por encima
y se quedaron a la espera de decidirse
por aquella palabra que no les hubiera turbado
Ahora sienten que se desquebrajan por dentro
ven ancianos por todas partes
y no dejan de sentirse espías
tras una cortina cuando cualquier joven
les pide paso en una acción que les merece
el total desprecio y remordimiento eterno
CIII
XCVI
Y quedé horrorizado de envidiar a infelices
que corrían frenéticos al abismo más hondo
que, ebrios ya de su sangre, preferían al cabo
el dolor a la muerte y el infierno a la nada
El eterno problema circular
el que cada humano se traza alrededor
como un anillo de acero inexpugnable
que atrapa a los que circunvalan
y suma víctimas al agujero negro cerebral
Los deseados problemas
el hogar frustración
acogedor en su locura
pintado de brochazos
de ira y dolor
El motivo por el que despiertan cada mañana
el horror de preguntarse adentro
y llegar a la respuesta insoportable
No sucede nada
Absolutamente nada
El infierno, la muerte
son para los optimistas de espíritu
y los puros de corazón
XCVIII
¿Eres el fruto otoñal del sabor exquisito?
Observa a esos hombres maduros
que siguen el rastro de las piernas núbiles
Míralos como se lamentan al posar sus ojos
en las manos que les cuelgan
No son esos viejos verdes con talonarios o abanicos
a quienes sus arrugas les daban un estatus elevado
pues el tacto era claro y la lascivia elevada
si palpaban entrepiernas no les temblaba el pulso
y las musas se reían a sus espaldas
Pero contempla a esos otros
a los que el tiempo les pasó por encima
y se quedaron a la espera de decidirse
por aquella palabra que no les hubiera turbado
Ahora sienten que se desquebrajan por dentro
ven ancianos por todas partes
y no dejan de sentirse espías
tras una cortina cuando cualquier joven
les pide paso en una acción que les merece
el total desprecio y remordimiento eterno
CIII
el hambre de escribir ya se cansa,
y de amor la mujer
Todo estaba escrito
Nada fue amado
el hombre tenía
las manos manchadas
de tinta
y la mujer de sangre
indeleble y seca
la mezcla
de las noches
y sus albas
el útero se había vaciado
y la pluma
era un mero desecho
ni senos o dedos
voces huecas
en este libro
ya no se lee ni el título
el pliego no da más de sí
