Lucifer and the Pope in hell: William Blake
CXX
LAS LETANÍAS DE SATÁN
¡Oh, el más sabio y más bello de los ángeles todos,
Dios privado de suerte a quien nadie bendice!
Malditos los que alberguen pensamientos propios o destaquen por su bondad de entre la chusma celestial. Los más bellos se verán monstruos confundidos por el rechazo que el espejo induce cuando se rompe de una certera pedrada lanzada por el dios de los feos a los que les oculta la cara para no mirarlos de frente cuando se postran a rezar.
Yo te llamo el gran Príncipe del destierro, agraviado
y que cuando es vencido , vuelve a erguirse más fuerte
Recuerda que la victoria se cimenta desde el subsuelo. Nadie que no haya caído mil veces podrá tener la fortaleza de un coloso al levantarse. Conoce el vértigo de la muerte y serás inmortal. Desde el destierro todos los reinos amurallados son vulnerables si les muestras la visión del más allá.
¡Tú que todo lo sabes, rey del mundo abismal,
curandero perenne de congojas humanas!
La mortalidad os hará débiles, hombres destetados de vuestras madres. Sabéis que el primer paso es el fatídico y el miedo os someterá a los que blanden las espadas en el nombre del cielo. Llegar a la derecha del padre supone saquear las conciencias y sacar las monedas de sus bolsillos. El mundo abisal es gratis, todos son bienvenidos: los pobres de espíritu y los asesinos. Allí os felicitarán por la sabiduría acumulada en el polvorín del mal.
Tú que incluso al leproso, a los parias malditos,
a través del amor haces ver el Edén
A los marginados, los que acumulan el odio y la impotencia por el estigma en sus manos. Los que se convierten en sombras debajo de las ventanas de familias acomodadas y suspiran por hurgar en los tachos de la basura. Todos ellos conocen los confines del Paraíso. Han escarbado con tiempo y conocen los agujeros por donde son vulnerables las alambradas. Sin su maldición serían amnésicos y rogarían a Dios.
Tú que amaste a la Muerte, vieja y reina querida
la Esperanza engendraste…esa espléndida loca
Los que esperan salvarse en el último hálito nos valen. Los que conocían la clemencia del Supremo y tuvieron el tiempo de quemar, asesinar y saquear. Los representantes de Satán en la tierra tienen esa recompensa del perdón: entrar para siempre lejos de nuestros condenados: los más puros al Paraíso celestial.
¡Tú que das al proscrito esa altiva mirada
que condena a las gentes ante todo el cadalso!
Los que conocen la forma y la hora exacta de su final serán alabados. A los que lejos de temblarles las piernas no se dejan encapuchar y sostienen la sonrisa del que no tiene nada más que defender. Esos que odian hasta el mismo salto al desnucamiento son nuestras almas preferidas. Se librarán del tormento. Son cristalinas como la de un niño que lo sabe todo al nacer.
¡Tú que sabes en dónde, en qué tierra envidiosa
ocultó un Dios celoso los tesoros del mundo!
Los que permanecieron con los codiciosos y participaron en sus saqueos con el plan de asesinar a sus compañeros de asaltos y rapiñas. A los más inteligentes entre los sanguinarios, quienes se creyeron más que el peor y guardaron memoria de los lugares ocultos para cambiar tesoros por cadáveres. A esos los queremos como jugadores de ajedrez ante el Gran Maestro del Infierno.
¡Tú que ves con tus ojos el profundo escondrijo
donde duerme enterrado el metal que buscamos!
Los hurones entre los humanos, los ciegos ante la luz y clarividentes en las fosas. A los que son callados y trazan su plan en la nocturnidad. Los que conocen los secretos de los iluminados y han trazado el plan perfecto para ser los tesoreros del inventario del mal son nuestros amigos. Abriremos galerías llenas de oro que después podremos olvidar.
¡Tú que ocultas abismos con tu anchísima mano
al sonámbulo errante de las altas cornisas!
Los magos que hacen creer que existe lo que no es más que el fruto de la imaginación. Aquellos que tienden trampas de seda y besos de la muerte. Los que tienen la vocación de fabricar ilusiones a los que mueren insatisfechos. Los amamos y nos divierten. Esperamos su siguiente actuación.
¡Tú que mágicamente haces blandos los huesos
del borracho inseguro al que arrolla un caballo!
A los hacedores de las muertes dulces. No queremos que la culminación del sufrimiento deje secuelas a los que se tambalean al precipicio. A los borrachos les decimos que en el averno están las mejores cosechas y que los caballos son animales proscritos. Tenemos esclavos para tirar de los carros.
¡Tú que das consuelo al que es débil
y sufre enseñando a mezclar el azufre con salitre!
Los que tienen palabras y hombros para los que lloran su desconsuelo. Los cínicos que dicen todas aquellas frases vacías y redichas hasta la saciedad pero que sirven a los débiles. Serán cedazo de la humanidad separando a los tontos de los que hicieron el mal de forma consciente. Los que sequen sus lágrimas serán condenados al cielo.
¡Tú que dejas tu signo, sutilísimo cómplice
en la frente del Creso, implacable y ruin!
Le conoces entre la multitud. Un símbolo en su frente. Polvo son y en polvo se convertirán. Márcalos con la punta de tu uña, un signo que los separe, las cenizas quedaron atrás.
¡Tú que inspiras en pechos de ramera el culto
de la llaga sangrienta y el amor al andrajo!
Los que no encontraron el amor en manos de los impuros de corazón. Los que acudieron en las noches de callejones a lamerse las heridas en las casas de socorro y pechos de pago. Los que decidieron que en la calle el frío no era el paisaje apropiado para las señoritas. Las que se dejaban cortejar y tenían una cama en el piso de ese portal se derramaban en el cautiverio forzoso. Los sentimientos hicieron su negocio y quienes no se lo ganaron, resarcirán al reloj de arena, inflexible al voltear de nuevo.
¡Oh, bastón de exiliados y candil de inventores
confesor del ahorcado y de aquél que conspira!
Y los que permanecen donde fueron forzados, arrojados de sus tierras por estar en el bando contrario, detenidos o presos, condenados a muerte, exiliados al olvido, conspiradores de la cara oculta de la luna, luz de amnésicos: inspiración diabólica. Todos tienen cabida en mi Reino siempre que en la tierra no se hayan humillado al dictado de la conducta única: SUBLEVAOS y seréis salvados. Confesad a los ahorcados y guardad sus secretos para luego susurrármelos al calor de las brasas pisadas en celebración. ¡Ni un adulador! Nadie agradecido por el favor de compartir un alma inútil. Todos estarán a la derecha de Dios si me defraudan. Incluso contra mí exijo rebeldía. Esa es mi ley irrebatible para gozar del perpetuo castigo en las galeras del Leteo.
¡Tú que adoptas por hijos al objeto de la cólera
que Dios padre expulsó del jardín del Edén!
Los rechazados por Dios, los quiero a todos. Mis hermanos de sangre, ángeles caídos en mi jardín del pecado. Aquí no hay normas estúpidas. Podéis comer de todo lo que esté a la vista. Si el hambre brota es por reminiscencia terrenal. Podéis devoraros, sois el placer prohibido, delicias del creador de su imagen y semejanza. Nadie bienvenido en el cielo puede saborear los manjares coléricos. No pueden dormir en la sombra de lo que ya se esquilmó.
Oración
El señor de los infiernos me aguarda
en el patio trasero de los juzgados del alma
Dios no es mi juez, de él yo reniego
No espero misericordia ni la pretendo
pues le miro a los ojos y no me ciega
Fui un hombre honesto, cumplí con su iglesia
procreé, dejé atrás fidelidad y respeto
pero ahora ante Él le digo
Ya obré el bien
y ahora exijo mi condena
Todo lo hice por llegar ante el Altísimo
y confesarle: yo te rechazo, no seré más tu siervo,
despéñame al infierno
por los siglos de los siglos
